“Una mayor fidelidad”: ¿Cuánto se debe ajustar una traducción literaria al texto original?

Deborah Smith y Han Kang

Deborah Smith y Han Kang

Siempre me fascinaron las complejidades de la traducción literaria. Cuando empecé como traductor, tenía una idea muy vaga acerca de esta complicada forma de arte. Simplemente es cuestión de encontrar el término equivalente, pensaba, y no debe ser tan difícil encontrar una palabra que sustituya a otra. Pero conforme he ido avanzando en mi carrera profesional y me he encaminado hacia la traducción literaria, he descubierto cuán difícil - y frustrante - puede llegar a ser traducir una obra. Estoy traduciendo un libro de relatos cortos del autor español David Roas al inglés y estoy descubriendo dichos problemas de primera mano.

Me topé con un artículo sobre la autora coreana Han Kang en The New Yorker que tocaba el tema de cuánto se debe ajustar una traducción al texto original. La novela de Kang The Vegetarian ganó el Man Booker International Prize en 2016 y el premio fue otorgado tanto a la autora como a su traductora, Deborah Smith. Por lo visto, el premio fue para las dos, la escritora (su libro fue la primera obra coreana en ganar el Man Booker Prize) y la traductora (que en aquel momento era una joven estudiante de doctorado). 

Sin embargo, pronto se criticó el trabajo de Smith, se decía que el libro estaba plagado de errores de traducción. Otro crítico comentó que “Smith amplifica el estilo refinado y tranquilo de Han y lo adorna con adverbios, superlativos y otras palabras enfáticas que no se encuentran en el original... esto no ocurre una o dos veces, sino que sucede en prácticamente todas las páginas. Es como hacer sonar a Raymond Carver como Charles Dickens”.

En cuanto a Smith, se defendió:

Han leyó y aprobó la traducción, el Huffington Post Korea afirmó que la obra estaba mal traducida, “off the mark”.  Smith se defendió en el Seoul International Book Fair: “Solo me permitiría cometer una infidelidad en pro de una mayor fidelidad”.

Por supuesto, no hay una respuesta correcta y encontramos varias escuelas de pensamiento al respecto. Por otro lado, la respuesta de Smith me pareció refrescante a la vez que curiosamente liberadora. Parece estar apuntando a otro aspecto de la traducción que es crucial, especialmente en la traducción literaria: la cuestión de la elección. He compartido una entrevista con Gregory Rabassa, el fallecido traductor del gran Gabriel García Márquez, donde Rabassa realiza un apunte similar. “La traducción es cuestión de elección”, dice. “Y me pregunto si lo que elegimos es siempre la mejor opción”.

Dos idiomas distintos no serán idénticos en términos de estructura, vocabulario o incluso en su forma particular de ver el mundo. Entonces, en cierto modo, el texto original y su traducción necesariamente serán dos libros distintos. En ese caso, tiene sentido para mí que, como traductores, tengamos que entender el original lo suficiente como para ser capaces de interpretarlo.  En ese momento debemos escoger la mejor forma de expresar ese mensaje en el idioma indicado, de forma que suene natural y resulte atractivo, lo cual (se espera) creará en el lector el mismo efecto que le causaría el original. Considero que el traductor debe alejarse de la fuente para crear algo original. Personalmente, intento mantener el estilo del texto original todo lo que puedo, pero esto no es siempre posible.

En mi opinión, siempre existe la incertidumbre que describe Rabassa: ¿He elegido la palabra adecuada o he pasado por alto algo importante? ¿Qué palabra de mi idioma coincide mejor? ¿Tendrá el mismo efecto? ¿“Suena” como si hubiera sido traducido? ¿Acaso lo he sobreinterpretado? ¿O no he interpretado la escena/imagen/diálogo lo suficiente?

Cuestiones que, como traductores, nos planteamos constantemente cuando se trata de traducir literatura.